martes, 12 de diciembre de 2006

Las sandalias azules

Cuando Verónica esta triste, y esto es a menudo, sale a caminar. Pero no puede caminar con cualquier cosa en los pies, se arriesga a que pase algo espantoso, u olvidable. Con lo único que sale a caminar es con sus sandalias azules. Porque estas sandalias son de todos sus zapatos aquellos que hacen que el piso la respete. Ante estas sandalias las baldosas se someten y el pavimento obedece, las cosas dejan de ser intrascendentes.
Entonces la magia quiebra la dureza del asfalto y brota. Feliz, inunda una tarde que parecía sin sol.
El paseo se puede hacer a las dos, a las cuatro o a las seis, pero la mejor hora tanto en verano como en invierno es a las siete. Las siete tienen cierto encanto inevitable. Además a esta hora la gente ya agotó las frases hechas y el cansancio los hace ser más espontáneos.
Es por eso que Verónica piensa escribir un libro de autoayuda, una guía para la vida que conste de una sola pagina en la que en lila sobre fondo bordo este escrito:
“El secreto de la felicidad es salir a pasear todos los días a las siete de la tarde.”

1 comentario:

Anónimo dijo...

Y para todos los humanos debe ser así ya sean unos zapatos o una campera, pero siempre esta esa prenda de vestir que te hace sentir en la sima del mundo, o tal vez no tanto, y solo nos hagan sentir un poquito mejor , pero siempre es un gran cumplido (En especial para una prenda de vestir)
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