martes, 12 de diciembre de 2006

Flash

Advertencia: Esta es una historia con visos románticos que posee un cincuenta por ciento de probabilidades de terminar favorablemente para los personajes involucrados. Si usted sufre algún tipo de intolerancia a dichos textos... absténgase.
Tenía un perro que por no hacerlo trabajar demasiado le había puesto Manchita, por que Manchita es un nombre fácil y clásico y cuando lo llamaba le decía Manchi, Manchi y terminando en i todo suena mas alegre. Era un coquer así que siempre que aparecía parecía que estaba limpiando el piso con sus orejotas de peluche, tenía los ojos vidriosos y cansados, siempre colorados como si se acabara de despertar, la mayor parte de las veces esto era cierto porque se la pasaba tirado en su almohadón. Probablemente era un perro un poco depresivo, parece que había tenido una infancia difícil, ustedes saben la madre era soltera, muy joven y él tenía como siete hermanos, además lo separaron de su familia demasiado pronto.
Viviendo en un departamento espacioso pero departamento al fin todos los días sacaba a Manchi a que le diera un vueltita a la manzana y cuando no estaba cansada lo llevaba hasta la plaza que queda acá nomás a dos cuadras y que para Manchi era el jardín del fondo. Porque así es la vida en la ciudad uno se la pasa haciendo sacrificios por los que quiere e invadiendo el espacio de los demás.
Sobre la fuente de la plaza agonizan las luces de los faroles y nada perturba el sueño de las palomas acurrucadas en los árboles llenos de hollín. Algún auto corta el silencio y mezcla el humo de un caño de escape con el azahar de los naranjos y el azufre de orín que emanan sus raíces. Durante años la luna se ha teñido de verde entre el follaje y nadie lo había notado. Pero esta noche un fotógrafo arrodillado intenta prever que efecto tendrá sobre quien las vea estas tomas de una luna enfermiza que no llega a iluminar el diseño de las baldosas. Una pareja pasa por allí a toda velocidad y ella totalmente ajena a lo que su acompañante le comenta, considera que el fotógrafo debe llevar una vida muy aburrida para tener que arriesgarse a estar con un equipo fotográfico en una plaza desierta. Sin contar con esta apreciación el solo sabe que es completamente feliz y que desea que esta noche sea un poco más larga que otras, porque está de buen humor. Lleva, según su acotada comprensión, la vida en la mano, o de la mano, o algo parecido y busca que realmente alguien vea que él es completamente feliz. Entonces será completamente feliz. Pero para tener un espectador debería haber elegido un lugar menos desierto, claro que donde esta el desafío si se para en algún lugar mas concurrido. Aunque en lugares concurridos se la han arreglado muy bien para ignorarlo. Se coloca los auriculares del discman para dejar de pensar. Siempre ha elegido música únicamente instrumental, combinada con las imágenes fugaces y permanentes de la cámara puede por completo prescindir de los significados ambiguos que lo persiguen; para reemplazarlos por una completa anarquía de sentido.
Manchita trota feliz con sus patas cortas y chuecas arrastrando a Magda de la correa. Llegando a la plaza se ve poseído de un éxtasis al sentir olores diferentes a los del desodorante de ambientes y se escapa de las manos de su dueña saltando con una agilidad inimaginable para un perro de su porte sobre un cantero y le aúlla a esa luna gorda y triste que deprime a Magda. Ella decide permitirle que entre en contacto con lo poco que le queda de salvaje y se sienta en el cantero próximo para evitar que Manchi piense que está solo. Después de todo es una noche un poco tétrica y ella debió haberse traído el walkman. Y extrañamente, porque ella no es de hacer eso ve a ese fotógrafo ahí tirado en el piso frío y seguramente mugriento mirando la luna con la misma cara de embobado que tiene su mascota y decide echarle una miradita para enterarse que tiene de especial esta noche.
El piso esta muy frío, tirita y se levanta sacudiéndose la campera. Evidentemente la luna tiene algo esta noche porque ahí esta la típica dueña de coquer con su típico perro, nada mas lejos de la retórica y la poesía, ambos mirando al satélite como hechizados. Se arrodilla y tras acomodarse dispara una foto que tiene por víctima a la pareja. Magda se despierta con el flash y todavía con los ojos vacuos y confundidos mira al fotógrafo que sonríe triunfalmente, orgulloso de haber cazado semejante presa, se nota a la legua que Magda solo muy mal dormida y muy cansada puede ser buen modelo. El coquer también despertó y esta olisqueándole las zapatillas. Ella tiene ojos verdes, piensa él.
Ahí esta el tipo este mirándola como si fuera un árbol mas y no le pidió permiso para sacarle una foto, ¿se la habrá sacado a ella o solo a Manchi? No puede evitar llamarlo y su perro, chico y achacoso, pero obediente vuelve moviendo la cola. Detrás se acerca él. Se pone de pie y estira la mano, pero el parece no prestar atención a ese movimiento porque se pega a ella y acerca su nariz mirándole fijamente los ojos.
Si, son verdes y son lindos, en realidad no son tan vacíos como parecen de lejos, ella tiene un perfume raro y hace unos segundos que no respira. Ojalá no grite.
Esto es invasión del espacio personal, pero es que el tiene una sonrisa muy bonita y yo estoy muy cansada así que; ¿que es lo peor que puede pasar? Magda se acerca despacio, aquello no podía llamarse un beso era un efecto de la excesiva cercanía, nada mas.
¿Me esta besando? ¿Dónde dejé la cámara? ¿El que aúlla es el coquer?

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